Arquitectura que resulta familiar
¡Qué hermoso es visitar un lugar donde que te obliga a imaginar! Orán es hoy, en muchos sentidos, una ciudad decadente, heredera de un pasado español y francés que le premió con edificios de arquitectura muy bella que hoy se sostienen en pie simplemente porque estaban bien construidos.
Pero ahí empieza la magia. Ahí imaginas cómo fue y cómo quiso ser Orán, una ciudad que hoy es bulliciosa y parece desconectada del resto de Argelia.
¿Con qué me quedo?
Edificios de distintas épocas compiten por atraer nuestra mirada. La mía en concreto se enamoró de algunos lugares que merece la pena visitar: la estación de tren diseñada por Albert Bellu de estilo neomorisco, la plaza de toros (¡Una plaza de toros en Argelia!) y la casa natal de Yves Saint Laurent.
También llama la atención el Teatro Regional de Orán, de estilo barroco colonial, la sinagoga, la Iglesia del Sacré Coeur -convertida en biblioteca- que forma parte de ese catálogo de influencias históricas árabes, otomanas, españolas y francesas que son visibles en los edficios de la ciudad.
Por ser decorosa…
Cuando vas con la mente abierta y sin complejos pasan cosas maravillosas. En Orán, por supuesto, también. La sinagoga, de la que hablaba antes, va a ser convertida en mezquita. Hoy está cerrada a los turistas, sin embargo, un amable ciudadano argelino que estaba allí me permitió entrar. La llave de acceso fue decirle que el islam estaba en mi corazón y que tal vez era mi única oportunidad de visitar aquel lugar.
El hombre, apiadado por mi argumento, me dijo que como tenía una actitud decorosa me permitía entrar. Y entré.
No todo es arquitectura
La vida de la gente, los cafés, los niños, los mercados… En los viajes, mi mirada va más en esa dirección que en la de los edificios. Y en Orán deseas no cerrar los ojos para completar todo el mosaico frente a nosotros.
Y entre edificios y vida cotidiana aún queda una cosa muy muy importante: no te puedes ir de Orán si probar la karantina, una especie de masa hecha con harina de garbanzo, huevos, agua, aceite y sal. Si has probado esta delicia, solo te queda subir a Santa Cruz para tener la mejor vista panorámica de una ciudad que fue capaz de sorprenderme.
Roser Lloveras











