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Sentirse como una niña

De pequeña había soñado con el desierto del Gobi. Y el sueño se ha cumplido. He viajado allí y me he visto como un grano de arena.

He tenido la oportunidad de volver a sentirme como una niña.

Mi primera reacción al pisar la mítica arena ha sido la de echar a correr y gritar en medio de la nada.

Primero, Ulán Bator

Antes de llegar al desierto hay que ir a Ulán Bator (que significa héroe rojo).

Ulán Bator es una ciudad con nombre mítico y mágico. Que suena a exotismo y a esencia oriental y que tiene mucho de eso. Pero también mucho de veneración a su héroe Gengis Kan y, sí, también, vestigios de la huella soviética.

En definitiva una ciudad interesante más que bella y agradable más que intensa.

El Gobi y su canto

El desierto del Gobi es inmenso (1.600 km de longitud y entre 500 y 1000 km de anchura).

En este descomunal espacio hay amplias zonas de estepa, de montañas y, claro, también de dunas. Es uno de los desiertos con más diversidad.

La zona de dunas, conocida como Arenas de Khongor, se extiende por una franja de 180 por 25 km. A su alrededor, las arenas están flanqueadas por montañas y ríos que permiten que crezca la hierba verde. Es imposible que un paisaje así pueda defraudar a alguien.

A las Arenas de Khongor se las conoce también como las Dunas Cantantes por el sonido que crea el viento cuando mueve los granos de arena. Un aliciente más para este destino único.

Mucho más que desierto

Mongolia es mucho más que el Gobi.

Cuando visitas este país te llevas una colección de imágenes irrepetibles de valles verdes, manadas de camellos en libertad y gentes auténticas y hospitalarias que no han abandonado su modo nómada de vivir.

Son muchas las razones por las que viajar a Mongolia es hacer realidad un sueño.

 

(Todas las fotografías que acompañan este artículo están tomadas por Roser Lloveras en Mongolia en verano de 2026).

Roser Lloveras

Roser Lloveras

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